Antonio Banderas presidió la gala Starlite de Marbella

El actor malagueño presidió la gala Starlite de Marbella y se le vio muy acaramelado con Nicole Kimpel, su galvanizada novia holandesa

Un conocido restaurante mexicano tiene a gala exhibir en su fachada un letrero que dice: «Hemingway nunca comió aquí». Del mismo modo casi estoy por asegurar que la gala Starlite podría colgar un cartel que advirtiera: Melanie Griffith nunca volverá a cenar aquí. Aunque quién sabe, tal vez Banderas acuda algún día a su gala solidaria con una rubia de cada brazo… De momento no ha ocurrido. Pero, aún sin Melanie, la Starlite se celebró el sábado por la noche en Marbella con el mismo relumbrón de siempre y ese imposible equilibrio entre la caridad y la ostentación que con tanto desparpajo defiende Antonio Banderas.

El actor lleva ya siete años implicado en el proyecto solidario que ideó Sandra García-Sanjuán. Una fórmula que este año se ha hecho extensiva a México y que pronto se exportará a otros países. En Marbella consta de un extenso festival de música y un fiestón de los de tirar la casa por la ventana. Sus organizadores dicen llevar recaudados dos millones de euros que dedicarán a proyectos educativos y a mejorar la vida de unas 100.000 familias a través de las fundaciones ‘Lágrimas y favores’ y ‘Niños en alegría’. En todo eso se apoya Banderas para seguir defendiendo que la exhibición del lujo no se da de tortas con la ayuda a los pobres. Pero él es rico, y qué va a decir… Que hay que sacrificarse y comer mucho caviar para llevar un plato de lentejas a los hambrientos.

Siete años han llovido ya desde la primera vez que el actor malagueño participó en una Starlite. Entonces le acompañaba una Melanie Griffith en plan ‘Mira mi brazo tatuado…’ Tatuado con un corazón relleno de Antonio. Sin embargo, en siete años la vida da muchas vueltas y hoy el brazo de Melanie, como el incorrupto de Santa Teresa, se ha quedado demodé. Ahora, a sus casi 56 años (los cumple pasado mañana), Banderas tiene otras preferencias y preocupaciones: los pactos para formar Gobierno (se mostró partidario de que el PSOE se abstenga), una novia con muchos menos años y una cabeza (la de él) con bastante menos pelo… Los que para la próxima Starlite busquen entradas ya saben dónde acudir: las tiene todas Banderas. Su más que incipiente calvicie dio mucho juego en la gala del sábado, sobre todo cuando pujó por una experiencia de lujo en Estambul que incluía trasplante capilar. Se la arrebató otro invitado, por lo visto más necesitado que él.

La gala la patrocinaba una marca de coches. Pero para parachoques delantero galvanizado el de Nicole Kimpel… La escultural novia holandesa de Antonio Banderas acudió embuchada en un vestido de noche de efecto metalizado que provocaba que sus llamativos implantes mamarios (no bajan de la talla 100) parecieran de titanio, como el Guggenheim. Y Banderas, que es un hombre sensible a la arquitectura y el arte, no paró de achucharla en toda la noche. Su demostración de afecto sirvió de paso para constatar que él, como Machín, puede querer a dos mujeres a la vez (y no estar loco). La segunda por supuesto es su ex, Melanie, con la que compartió hace solo unos días confidencias y tardes de sofá en la casa de la actriz en Los Ángeles, tal como captó su hija Stella en esa foto que luego subió a las redes.

La también metalizada Anne Igartiburu condujo la gala, que reunió a 370 invitados (entre ellos, una dicharachera Sarah Ferguson). En el transcurso de la velada Ainhoa Arteta, en plena crisis matrimonial, cantó con mucho sentimiento ‘Alfonsina y el mar’ y Santiago Segura descubrió que hay mujeres (una al menos) capaces de pagar hasta 1.600 euros por un beso suyo. «Me voy a meter a gigoló», concluyó el actor. Lo único por lo que no pujó nadie fue por las pelotas de Federer. Pero es que eran las de tenis.

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