COMAC C919 el avión Chino reta a Boeing y Airbus al realizar su primer vuelo con éxito

Se trata de la primera aeronave de pasajeros de tamaño medio fabricada en China

El primer vuelo del COMAC C919, el primer avión de pasajeros de tamaño medio fabricado en China, se realizó hoy con éxito, por lo que empieza una nueva era en la que este país busca situarse en primera fila de la industria aeronáutica internacional.

Fue menos de hora y medio de vuelo sobre los epatantes rascacielos de Shanghái y alrededores, pero bastó para trasladar el mensaje al mundo: China ya cuenta con su avión de pasajeros. El estreno del C919 fue retransmitido en directo por televisión y aderezado con la habitual fanfarria patriotera que China reserva a las cuentas saldadas con la Historia.

El avión de la empresa estatal COMAC es un mojón en el camino hacia una economía basada en la tecnología y la innovación. Bo Xilai, ex ministro de Comercio y hoy uno de los presos chinos más célebres, urgió más de una década atrás a trascender el papel de fábrica global: “Necesitamos vender 800 millones de camisetas para comprar un Boeing”, se lamentaba. El vuelo de esta mañana culmina un anhelo nacido en el histórico viaje en 1972 a China del presidente estadounidense, Richard Nixon. Cuando el mandatario bajó del avión, oficiales chinos que lo examinaban a pie de pista fueron invitados a entrar en la carlinga. China encargó diez modelos y la entonces mujer de Mao, Jiang Qing, impulsó el proyecto para crear un macro avión. Se abandonó pronto al comprobar que era demasiado pesado, derrochaba combustible y planteaba retos irresolubles para la tecnología nacional de la época. El C919 ha surcado los vuelos sólo una semana después de que el primer portaviones doméstico fuera lanzado a las aguas. China ha ingresado en el selecto grupo de países que cuenta con aviones de pasajeros propio junto a Estados Unidos, Rusia, Brasil, Canadá, Reino Unido, Francia y Alemania.

La presentación del C919 llega con tres años de retraso y tras más de una década de desarrollo. Se esperaba su primer vuelo en 2014 y que entrara en el mercado en 2016, pero ahora no se espera que esté disponible al menos hasta 2019.

China ha dejado atrás años de fracasos en los que se estrellaba contra la falta de derechos de propiedad intelectual de componentes sin los que un avión no puede separarse del suelo. El avión cuenta con tecnología extranjera para sus zonas delicadas. Los motores, por ejemplo, han sido fabricados por una joint venture internacional de la estadounidense General Electric y la francesa Safran.

Los 168 asientos, el pasillo único y los 5.555 kilómetros de autonomía de vuelo del C919 lo emparentan con los célebres Airbus A320 y el Boeing 737-800. No hay diferencias sustanciales en materia de motores pero es seguro que los nuevos modelos de sus colegas le superarán en eficiencia energética. Los usuarios agradecerán la mayor comodidad del avión chino en general y la amplitud de sus asientos en particular. Y sus compradores valorarán su precio de 50 millones de dólares, menos de la mitad que sus competidores.

El auge de la clase media en China explica que su sector aéreo vaya a relevar en la cúspide al estadounidense en 2024, según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo. La demanda de aviones para las dos próximas décadas se sitúa entre los 6.000 y los 6.800 aviones, según las estimaciones de expertos, traducibles por un billón de dólares. El mercado chino no será un problema para el C919. Cuenta ya con 570 órdenes de compra, en su amplísima mayoría de las potentes aerolíneas nacionales. Ofrece más dudas su papel en el campo internacional. El camino entre el vuelo de presentación y la puesta en marcha comercial suele ser pedregoso, alertan los expertos. Al C919 le espera una larga marcha para conseguir las certificaciones de las agencias de seguridad europeas y estadounidenses sin las cuales quedará constreñido a su mercado local y al entorno asiático.

China ya exporta trenes de alta velocidad o centrales nucleares sin mayores problemas. Su entrada en el sector aeronáutico mundial subraya que ya juega en las grandes ligas. Ahí peleará con Boeing y Airbus, epítomes de la superioridad tecnológica estadounidense y europea. La primera cuenta con un siglo de experiencia y la segunda, con 40 años. Los expertos pronostican que sólo es una cuestión de tiempo que el duopolio tradicional asuma que existe un tercer jugador en la mesa.

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