David Bisbal dejó atrás su perfil más latino en el Sant Jordi

Queda lejos aquel David Bisbal de Corazón latino, el de Bulería, el que surfeaba sobre la ola de aquel pop no se sabía muy bien si caribeño o almeriense, agitando los rizos con sus bruscos giros de cadera y repetía «esto es increíble».

Por Jordi Bianciotto

Ahora, Bisbal tiende a un perfil sonoro más estilizado, menos asociado a un lugar o una cultura, un pop que abre las puertas a la electrónica y al r’n’b, y que sigue haciéndose fuerte en las baladas torrenciales que levantan suspiros. Un poco de todo hubo anoche en el Palau Sant Jordi, escala de su gira Hijos del mar.

La sala le trae recuerdos desde los días de OT, 16 años atrás. «Noches mágicas», recordó en un local con tres cuartos del aforo lleno, al tiempo que nos lanzaba «un petó, un besito muy fuerte», tras abrir la sesión con una canción nueva, Mi norte es tu sur. «Cada palmo de piel, cada gota de miel, sabe a sur», cantó pronunciando larga y enfáticamente la u de sur como si sufriera un tembleque, sobre una cadencia marcadamente funky.

Bisbal lanzó un inusual agradecimiento a «los amigos de la prensa por haber venido». Nada, hombre, aquí estamos. Y la electrónica le acompañó en otra pieza de estreno, Antes que no, que culminó poniéndose de rodillas en el extremo de la pasarela. Arrebato bisbaliano genuino, enmarcado en un montaje audiovisual potente, aunque sin ingredientes innovadores.

Pronto comenzaron a llegar las baladas: Quiero perderme en tu cuerpo, El ruido, Tú y yo… Poderío pulmonar y tensión en la sala cuando, tras despojarse de la chaqueta, abordó el éxito Diez mil maneras, arropado por los muy predispuestos coros del Sant Jordi. Nos informó luego de que el concierto iba a consistir en un viaje «por distintos géneros musicales», incluyendo «los sonidos orgánicos de la banda y otros más electrónicos». Abrió luego una pequeña cuña acústica con el rescate de Como la primera vez que condujo a Duele demasiado, canción comprometida con la campaña Uno más uno es mucho más de Unicef, en atención a los niños afectados por conflictos armados y desastres naturales. De ese tramo hondo y sentimental a un giro uptempo que nos llevó al r’n’b de Calentando voy y el funk de Cómo será.

En ese punto de la noche, Bisbal ya era el Bisbal que creció en público a través de la televisión, suelto, deleitándose con su personaje, el tipo que suelta frases peliculeras sin parpadear. «Ojalá no amaneciera hoy para quedarme toda la noche cantando con vosotros». Incluyendo la empatía con el público como parte del trabajo: «Qué bonito cómo canta mi gente», celebró antes de ponerse un gorro lanzado desde el público.

La tenga o no es «una canción muy importante», confesó. «Porque fue concebida cuando yo estaba en el camino de encontrar el amor de mi vida». La dedicó a su pareja, su «Rosanilla» y aprovechó para consolar a quienes buscan tristemente por los valles de la vida con quien compartir la existencia. «Te lo juro: llega», sentenció.

Mi princesa la compartió con un joven amigo, Roger, «el niño, ahora ya adolescente, que nos enamoró a todos en La Voz Kids». El hit del nuevo disco, Fiebre, agitó el inicio del fin,un clímax marcado, ahí sí, por sacudidas rítmicas como Lloraré las penas, un poco reggaetonera, una muy urbana Torre de Babel y Ave María con guitarras airadas, recordando las raíces de este Bisbal en mutación.

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