El Barça, indignado con Dembélé

El delantero francés tardó el jueves una hora y media en informar al club sobre su ausencia en el entrenamiento y este viernes ha acudido a la Ciutat Esportiva pero tampoco ha entrenado

Por Albert Guasch

El enfado del Barça con Ousmane Dembélé por su discutible comportamiento fuera del terreno de juego ya empieza a ser un secreto a voces. Nadie está contento con su estilo de vida y más ahora que ha trascendido que el club tardó más de hora y media en localizarle el jueves después de que no se presentara al entrenamiento. Ayer tampoco se entrenó con el grupo, aunque al menos compareció en la Ciutat Esportiva.

La emisora RAC1 fue la primera en informar que el delantero francés no avisó el jueves de su baja para el entrenamiento. Cuando finalmente se pudo hablar con él después de repetidos intentos, dijo que tenía problemas estomacales y pidió un médico. El club informó entonces de que sufría una gastroenteritis, esa dolencia que evoca las ausencias reiterdas de Ronaldinho.

Pero Ronaldinho era Ronaldinho y contó en su época con la complicidad silenciosa de muchos estamentos del club. Dembélé, en cambio, ha empezado a enojar al propio vestuario. Palabras mayores. El extremo francés no es precisamente ningún líder, como sí lo era el brasileño. Y la irritación cuesta menos de contener.

No están contentos con él tampoco en las oficinas. Su elevado coste (105 millones más 40 en variables) y su juventud obligan a ser tan pacientes como prudentes, pero su estilo de vida fuera del terreno de juego ha generado ya más de unas cuantas situaciones complejas.

La ayuda de Abidal

Desde el club esperaban, de hecho, que la contratación de su compatriota Eric Abidal como secretario técnico ayudara a encarrilar y profesionalizar al eléctrico futbolista. Le está costando. Tiene su grupo de amigos, una suerte de ‘tois’ parisinos, y se comporta como un chico de su edad (21 años). Pero a veces olvida sus obligaciones como futbolista de élite.

Sus males estallan ahora en un momento inoportuno. Sin Coutinho, lesionado durante dos o tres semanas, y con Messi necesitado posiblemente de un partido más de curación, Dembélé apuntaba a titular el domingo ante el Betis, como lo fue ante el Inter. Veremos qué decide Ernesto Valverde, un entrenador paternal y de sobrada inteligencia emocional que le ha dado palos y zanahorias a lo largo de la temporada.

Dudas sobre su madurez

Le dejó sin jugar ante el Madrid después de que se mostrara tan indolente atándose las botas como apático sobre el césped. Se ganó por ello un reproche público de Ivan Rakitic. El entrenador lo rehabilitó en Vallecas, donde fue decisivo con una gran pegada que empató el partido, y no desentonó ante el Inter en la Champions, cita en la que recuperó por sorpresa la titularidad. Parecía un futbolista encarrilado, hasta que se han sucedido estas dos ausencias inesperadas que ponen en duda su madurez.

Cuentan en el club que inicialmente Messi y Suárez se acercaron a él a principios de temporada. Lo ven bueno, con potencial para ser importante, creían en sus posibilidades . Pero parece que ha perdido el favor de todo el vestuario, no solo de las dos estrellas, en beneficio de Malcom, considerado un buen chico y un buen compañero que finalmente se sintió útil con su gol ante el Inter.

Todos le abrazaron de forma efusiva, al contrario que a Dembélé ante el Rayo. Seguramente había otras premuras de resultado, pero el contraste resultó llamativo. A estas alturas, ya nadie sabe si el francés necesita abrazos o reproches. Es seguro que necesita convencer, a nivel interno, de la honestidad su compromiso. Y sacudirse la lapa de la sospecha.

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