Gana el Barça y pincha el Atlético

El once de Valverde atonta al Athletic al cuajar un excelente primer tiempo dos goles y tres postes

Por Joan Domènech

El Barça ha tomado la A-11, una vía rápida para conquistar la Liga. A los azulgranas les bastó medio partido para liquidar al Athletic –medio partido a un excelente nivel que dejó atontado a su rival– y después disfrutaron del pinchazo del Atlético en Vila-Real para escaparse a una distancia tal vez definitiva, a 11 puntos de ventaja. Se desconoce cuándo cantará el alirón. Se desconoce, también, qué peaje pagara ahora que Florentino Pérez ha comprado Abertis, la concesionaria de la autopista por la que vuela el Barça.

El Barça le metió al Atlhetic más más goles en el alma que en la portería: solo dos (Alcácer y Messi), más tres postes (dos de Coutinho y uno de Paulinho), suficientes para asegurar la victoria, la 36ª jornada de imbatibilidad, y alcanzar el último parón de selecciones con unas perspectivas extraordinarias en las tres competiciones que disputa.

Después de toda una Liga resolviendo los partidos en las segundas partes, el Barça ha decidido cerrar cuanto antes sus asuntos. Lo lleva haciendo así en los últimos seis partidos: 12 de los últimos 15 goles llegaron en la fase inicial. Si el Chelsea empezó a caer en el minuto dos, el Athletic tardó un poco más: en el siete. Pero el bombardeo que sufrió fue mucho más intenso, y tan acomplejante que le invalidó para la reanudación, cuando su propósito de enmienda solo sirvió para restañar la imagen a ojos de su hinchada.

Descanso completo

Quedó la percepción, también, de que el Barça redujo las revoluciones. Distendido y satisfecho con su letal irrupción, pensó que cediendo terreno y ahorrando esfuerzos podría ampliar el triunfo al contraataque. Sin tensión, el equipo se vulgarizó. Con dificultades para salir desde atrás, embotellado por momentos, los 12 disparos del primer tiempo se redujeron a la mitad después. Su descanso no duró los 15 minutos legales. Los de Valverde se tomaron 45 más.

El Athletic había pagado ya su inocencia cuando Ziganda metió los delanteros (Williams, Aduriz) que había sentado de inicio creyendo que podría reingresar en el partido. Hacía rato que lo había perdido. Messi había desconectado, Alcácer no rascó otra y Coutinho andaba buscando el gol negado por la madera, consciente de que debe contraer méritos. Y más que deberá contraer si queda investido como el sustituto de Iniesta. El capitán, forzado para jugar en la Champions, salió en el minuto 63 para empezar a despedirse.

Coutinho, el relevo

A Iniesta se le echará de menos muchas veces a no ser que Coutinho sea un futbolista constante y procure jugar atendiendo a las necesidades del equipo. Él puede hacerlo. No puede hacerlo, en cambio, Paulinho, el otro interior, cuyas virtudes no tienen nada de organizativas, al contrario.

Los dos brasileños fueron los interiores del Barça en un signo de los cambios que vienen, mientras Rakitic, inmenso, ejercía de mediocentro en lugar de Busquets. Alcácer ocupó, naturalmente, el puesto de Suárez. Dembélé tiene ganado el suyo propio, y en otro partido de marcajes tibios y metros para correr, pegó otro cupón en la cartilla de crédito.

Los culés de mayor edad añoraron los viejos duelos con el Athletic. Aquella incertidumbre por el resultado, aquella emoción por el desenlace incierto, aquella confrontación de estilos y no tanto por la carga de agresividad y dureza que había que ha quedado extraviada.

Comparecencia lastimosa

La comparecencia de este Athletic fue lastimosa, e hizo comprensible el desencanto de la hinchada rojiblanca con su equipo, más allá de los resultados y por muy alto que dejara Valverde el listón. Tal vez influyeran en las pobres prestaciones ofrecidas el once que alineó, sin Aduriz ni Williams. El cariz defensivo de la alineación ni se atisbó, blandengue atrás, zarandeado por los ataques azulgranas que venían de todas partes, con Messi al frente tocando la corneta.

El Athletic cambió en el descanso. A mejor. No podía hacerlo en sentido contrario. Endureció el pie y se llevó la mayoría de los balones divididos. No llegó a amenazar el resultado del Barça, pero se libró de la tunda a la que fue perdonado por un Barça que hacía rato que saboreaba la victoria.

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