La Serie Mundial descubrió a un Aroldis Chapman que muchos desconocían

Aroldis Chapman necesitaba una Serie Mundial hecha a su medida, una caja de resonancia perfecta para exhibir sus dotes de lanzador súper sónico y dominante, pero que también mostrara ese otro lado no siempre visto, donde el ser humano es llevado al límite por la adversidad.

El relevista que comenzara la temporada en el dique seco de la suspensión por un supuesto incidente de violencia doméstica mientras vestía el uniforme de los Yankees, terminó llevándose la victoria en el decisivo Séptimo Juego de la Serie Mundial ganada por los Cachorros.

Sin duda, el propio Clásico de Octubre y la postemporada toda ha sido como un carrusel para el holguinero, donde los ratos de felicidad vienen acompañados de horas bajas, actuaciones deslumbrantes con caídas enormes, como suele ser la vida.

Pero Chapman nunca flaqueó, nunca dijo que no, mientras el manager Joe Maddon le seguía asignando tareas cada vez mayores, relevos de esos que se ven pocas veces en años, en situaciones adversas.

“Estoy listo”, solía responderle Chapman a su piloto. No importa que lo trajera en situación o no de rescate, tras haber lanzado más de 40 envíos o menos de 20, un día tras otro, como si su brazo fuera de goma. “Estoy listo”, eran las únicas palabras salidas de la boca del cubano. Cero quejas.

Theo Epstein, ese destructor de maldiciones, el ejecutivo que acaba de dar los últimos retoques -de que la cuelga, apuéstelo todo- a su placa en el Templo de los Inmortales de Cooperstown, no dudó en enviar cuatro prospectos a Nueva York por Chapman.

El presidente de los Cachorros sabía lo que significaba un talento de esta magnitud en su cuerpo de relevistas, pero muchos tenían dudas sobre este joven de brazo potente, capaz de dar volteretas en el box de Cincinnati y con esa sombra del incidente legal.

Habría que darle crédito a ese mismo Maddon criticable en su uso a veces desmedido del cubano por provocar el acercamiento a un tipo de pelotero para el que no todos los clubes y pilotos dedican tiempo de estudiarlos y entenderlos.

Maddon puede ser un horror tomando decisiones, pero es un genio en abrir personalidades y no por gusto logró que el cubano se colocara en su misma página para el bien de todos.

“En toda la industria del béisbol, los valores de Chapman han crecido de manera dramática, y en la forma en que lo ha hecho”, afirmó Maddon. “Ahora es un tipo diferente, dedicado al equipo. No puedo cansarme de enfatizar lo importante que es la comunicación”.

Chapman y los Cachorros pudieran parecer un matrimonio hecho en el cielo, pero la realidad financiera del club indicará el camino a seguir luego de las celebraciones, pues el antillano busca un pacto multianual en su horizonte.

Pero suceda lo que suceda, esta Serie Mundial pasará a la historia, además del éxito de Chicago, por ser la que realmente descubrió a Chapman más allá de su proverbial velocidad, la que puso alma al rostro, valor al brazo.

“La percepción en torno a él tiene que cambiar”, recalcó Maddon, quien se fundió en un largo abrazo con su taponero en medio de la locura por el triunfo, sin saber si lo tendrá en su bullpen o como rival en la próxima primavera.

Esta Serie Mundial necesitaba un Aroldis Chapman.

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