Los cubanos ya no tendrán que jugarse la vida para fichar por las Grandes Ligas de béisbol

La asociación de clubs de EEUU y la Federación Cubana de Béisbol firman un convenio económico y de colaboración por cada jugador que fichen

Por Emilio Pérez de Rozas

Se acabó el drama de las grandes estrellas del béisbol cubano para poder jugar en los equipos de las Grandes Ligas de Estados Unidos, el sueño de cualquier jugador de la pelota base, sea japonés, surcoreana o taiwanés, los últimos en convertirse en estrellas del deporte más seguido en USA y, sin duda, el que más y mejor representa el estilo de vida y de ser de los norteamericanos.

Desde hace unos días, pocos, los jugadores cubanos que lo deseen o sean escogidos por los equipos de las Grandes Ligas, Nacional y Americana (MLB), podrán cruzar el océano sin problema alguno, firmar suculentos contratos con esas ‘novenas’ y, eso sí, suministrar, a cambio, unos cuantos miles de dólares a la Federación Cubana de Béisbol, con los que los dirigentes deportivos cubanos podrán mejorar la evolución de su deporte favorito en la isla.

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Después de que el presidente Barack Obama abriese la mano y las relaciones, en el inicio del 2014, con la Cuba de Fidel Castro y tras el frenazo sufrido con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, la organización de la Major League Baseball y la Federación Cubana de Béisbol acaban de firmar un acuerdo por el que los mejores ‘peloteros’ de la isla dejarán de jugarse la vida en sus huídas de Cuba para conseguir jugar en el campeonato norteamericano.

Según este acuerdo, los jugadores cubanos firmarán sus contratos en las mismas condiciones que lo hacen los norteamericanos o cualquier otro jugador procedente del resto del mundo. “Con este convenio”, ha comentado Dan Halem, responsable legal de la MLB, “ponemos punto y final a las múltiples, tristes y trágicas odiseas que han vivido muchos grandes jugadores cubanos para escapar de la isla y poder jugar en nuestro campeonato”.

El acuerdo, que deberá ser renovado cada tres años, contempla que, una vez firmado el nuevo contrato, el jugador o club que lo contrate deberá abonar una parte proporcional de sus ganancias a la Federación Cubana de Béisbol. Las condiciones serán algo más complejas, aunque perfectamente legales y realizables, si la estrella es menor de 25 años. Los clubs norteamericanos podrán, tras autorización firmada en su día por Obama, transferir ese dinero a la isla “porque no se tratan de agencias gubernativas”.

Dinero para el deporte de Cuba

“Con todo este dinero”, explica el exjugador cubano Omar Linares, vinculado a la federación de su país, “podremos desarrollar aún más el deporte de base y elevar el nivel competitivo de nuestro béisbol. ¡Ojalá! yo hubiese podido jugar en las Grandes Ligas cuando era jugador en activo en Cuba”.

Han sido muchos, desgraciadamente demasiados, los grandes jugadores de la isla caribeña que se han jugado la vida desertando o en su intento de abandonar el país que les impedía cumplir su sueño de jugar en el mejor campeonato del mundo. Todo empezó, dicen, cuando Bárbaro Garbey fichó, en 1980, por Detroit tras huir de Cuba. El lanzador René Arocha desertó, poco después, en el aeropuerto de Miami. Rey Ordóñez saltó un inmenso muro, en Buffalo (NY), en los Juegos Mundiales Universitarios cuando estaba con su selección. Lo mismo hizo, en 1996, el ‘pitcher’ Rolando Rojo, en Giorgia, al escapar de su hotel. Y así un montón de historia, la inmensa mayoría de ellas sin final feliz.

(Photo by Harry How/Getty Images)

La odisea de Yasiel Puig

Una de las historias más escalofriantes la protagonizó el sensacional jugador cubano Yasiel Puig, estrella actual de Los Ángeles Dodgers y uno de los grandes fenómenos de la pelota base de las últimas décadas. Puig fue interceptado en cuatro ocasiones o bien por la policía cubana o bien por la Guardia Coistera de los Estados Unidos en sus cuatro primeros intentos de abandonar Cuba y llegar a Miami. Finalmente, en junio del 2012, Puig se puso en marcha de un auténtico traficante de personas, Raúl Pacheco, protegido por Los Zetas mexicanos, que pagó 250.000 dólares a unos lancheros para que sacasen de Cuba a Puig, que, en aquellos días, ganaba 17 dólares al mes en su país.

Puig estuvo medio secuestrado, medio preso, en el precioso paraje de Isla Mujeres, un maravilloso rincón mexicano del Mar Caribe, a 13 kilómetros de la costa de Cancún, donde lo llevaron los lancheros, ya que las normas de entonces de la MLB exigían que el jugador viniese de un tercer país antes de instalarse en EEUU. Pacheco, que se llevaba parte del primer contrato profesional de Puig, estuvo negociando su entrega y el pelotero de los Dodgers llegó a pensar que le iban a matar o a cortar una mano durante su cautiverio. Finalmente, Puig ha podido conseguir su sueño y convertirse, sin duda, en una de las grandísimas estrellas del béisbol USA. “Celebro el nuevo acuerdo de las autoridades norteamericanas y cubanas pues, por fin, todos nuestros jóvenes y grandes peloteros podrán escoger libremente quedarse en Cuba o probar suerte en EEUU”, ha señalado Puig.

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