Malcom mantiene con vida al Barça ante el Madrid

El brasileño marca el tanto del empate en un clásico copero desprovisto de fútbol y de tensión

Por Rafael Tapounet

Malcom puso la X. En un partido extraño, rico en alternativas pero desprovisto de la tensión extrema que se le supone a un clásico, aunque sea de Copa, el FC Barcelona y el Real Madrid empataron a un gol y dejaron todas las opciones abiertas para el segundo duelo, que se jugará el día 27 en el Bernabeu. Tan raro fue el encuentro que Leo Messi apenas intervino en la media hora en que deambuló por el césped y Malcom se convirtió en el improbable protagonista al marcar, con la cómica colaboración de Sergio Ramos, el gol que mantiene vivo a su equipo en la eliminatoria. Dicen que lo peor de las finales es no estar en ellas. Como ya hicieron en octavos y en cuartos, los azulgranas se jugarán su presencia en el Benito Villamarín en el choque de vuelta; esta vez, sin embargo, tendrán que ganar fuera de casa.

La opción más ortodoxa

El primer golpe de efecto de la noche llegó una hora antes del pitido inicial. Fiel a su política de reservar a Messi en el partido de ida de las eliminatorias de Copa, una tradición reforzada en esta ocasión por las dudas que existían sobre el estado físico del 10, Ernesto Valverde dejó al capitán en el banquillo y, en un inesperado giro de los acontecimientos, puso en su lugar al brasileño Malcom Filipe Silva de Oliveira, titular en tres de las cuatro derrotas que había sufrido el Barça esta temporada.

Era, tal vez, la opción más ortodoxa desde el punto de vista posicional, pero también la más inesperada por el poco peso que el extremo paulista parecía tener en el equipo. En el resto del once, las incógnitas en el lateral derecho y en la zona media se resolvieron en favor de Semedo y de Arthur, respectivamente.

La huella de Solari

También Santiago Solari quiso dejar su huella en la alineación blanca, otorgando a Marcos Llorente el puesto de medio centro en detrimento de Casemiro y relegando a Bale a la caseta para intentar frenar las incursiones de Jordi Alba con un futbolista de brega como Lucas Vázquez en la banda derecha. Empezó valiente el Madrid, acaso para ahuyentar cuanto antes el fantasma del 5-1 del partido de Liga; plantando la presión muy arriba, los visitantes salieron a intimidar al Barça y se encontraron con un gol de Lucas Vázquez a los cinco minutos, en una acción aparentemente inocua que la alquimia de Benzema convirtió en oro.

A los azulgranas les costó encontrar el hilo del partido. El trabajo de Lucas sobre Alba y la irrelevancia, un día más, de Coutinho inclinaban todo el juego de ataque local hacia la banda derecha, donde un estupendo Semedo y un Malcom que fue poco a poco sacudiéndose los nervios del inicio explotaban la desidia de Marcelo, cada vez más en su papel de tipo apostado en la barra del bar que le cuenta a todo el mundo que un día fue alguien. A la media hora, Rakitic envió al larguero un remate de cabeza tras una falta botada por Malcom y tres minutos después fue Keylor Navas quien evitó el gol de Suárez después de una buena jugada del extremo brasileño.

Narcolepsia de Coutinho

Pero entre la narcolepsia de Coutinho y la ofuscación de Suárez, más ocupado en protestar al árbitro y abroncar a sus compañeros que en buscar espacios entre la defensa blanca, el creciente dominio local no acababa de traducirse en nada. El giro de guion llegó en el minuto 57, cuando Jordi Alba controló un pase largo de Lenglet y encaró a Navas. El rechace de este fue a parar a Suárez, cuyo remate se estrelló en el palo. Ante la pasividad de la zaga madridista -grotesca en el caso de Sergio Ramos, que se convirtió en pasto de ”memes’ al levantar los brazos como indicando a los suyos “aquí no hay peligro, chavales”-, Malcom recogió la pelota llegando desde la banda derecha y la envió a la red con un disparo sutil.

Poco después ingresaron en el campo Messi y Arturo Vidal, por el lado azulgrana, y Casemiro y Bale, por el bando visitante, y el partido parecía entrar en una nueva fase de mayor trepidación. Pero se diría que el rosarino, que sigue sin marcarle un gol al eterno rival en un duelo copero (y ya van siete), no acababa de confiar plenamente en la respuesta del aductor de su pierna derecha, lastimado en el encuentro del sábado ante el Valencia, y optó por administrar los esfuerzos. Y aun así, andando, tuvo más incidencia en el encuentro que el futbolista al que sustituyó: ese brasileño antes conocido como Coutinho.

Y el partido fue muriendo sin sobresaltos ni estridencias porque tampoco el Madrid se vio capaz de ofrecer mucho más, pese al ruido de fanfarrias que había acompañado su aterrizaje en Barcelona. Si la que se vio en el Camp Nou es, como anunciaban sus palmeros, la mejor versión del equipo blanco, habrá que conceder que la conquista de la Copa del Rey puede ser para los de Solari un logro mayúsculo. El Bernabeu decidirá.

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