Messi bendice al nuevo Barça

El Barça de Luis Enrique, pese a jugar el segundo tiempo con diez por la expulsión de Mascherano, se gusta frente al Elche

Quién sabe qué será de Munir El Haddadi en un futuro. Si lo vivido estos días sólo se recordará como un dulce sueño de verano. O si, tal y como viene proclamando desde que correteaba por las calles de El Escorial, ese chico tímido pero con voluntad de acero se habrá ganado un lugar en la memoria colectiva del fútbol. Lo que nadie le arrebatará ya al joven de 18 años es su formidable debut en partido oficial en un Camp Nou entusiasmado ante su voracidad en el remate. Ilusionado por ese gol con el exterior en la zurda, aliñado con un travesaño anterior, que acompasó el bautismo del nuevo Barça de Luis Enrique. Y de Messi, que continuará siendo la pieza más preciada hasta que le plazca.

No habían pasado 15 minutos y un sector de la afición ya coreaba el nombre de Luis Enrique. Tiene claro el estadio que el técnico asturiano, uno de aquellos tipos espartanos que se dejan el alma en todo lo que hacen, sobre la bici o sobre el andamio, será el pastor que tanto se echó en falta la temporada pasada. Y que, acompañen o no los resultados, los futbolistas no saldrán al terreno de juego a mirar las musarañas. Vuelven aquellos tiempos del “perdonaré que fallen, pero no perdonaré que no lo intenten”, proclama con la que Pep Guardiola inauguró un ciclo zanjado entre un presidente escapista, un director deportivo inerte, unos jugadores felices con su anarquía y un técnico argentino que sólo vino a sonreír y a dar palmadas en la espalda mientras tronaba la música de la orquesta del Titanic.

Messi
Messi

Con Xavi en el banquillo, Rakitic se hartó a cubrirle las espaldas a Alves. Iniesta hizo poco más o menos lo mismo con Alba, evitando las goteras de otras épocas. La presión apareció como punto de partida, el tiro exterior se practicó como nunca y lo vertical se priorizó sobre lo horizontal. Muchos cambios, pero como termómetro de la salud barcelonista, nadie mejor que Messi. Porque no es lo mismo cuando La Pulga corre o pasea por el prado. Porque no es lo mismo cuando el chico pide el balón o se aparta de él. Y el diez que compareció en el Camp Nou apenas tuvo que ver con aquel futbolista que, pese a mantener el curso pasado sus altas cifras goleadoras e incluso llevar a Argentina a la final del Mundial, nunca pareció responsabilizarse de lo que ocurría en la estepa. Como si aquello no fuera con él. Pues bien. Messi, no tuvo inconveniente alguno en estrenarse en la Liga acudiendo a las coberturas, en completar sprints de 25 metros para cercenar contraataques, en demandar protagonismo lanzando a los laterales desde el balcón y, sobre todo, en ejecutar aquellos cambios de ritmo que siempre le hicieron diferente.

Como ese giro supersónico que ayudó a Messi a encarar a tres defensas del Elche, incapaces de encontrar la manera de evitar el disparo cruzado de La Pulga, imposible también para el meta Tyton.

En otros tiempos, quizá, el gol inaugural no hubiera sido más que la tranquilidad esporádica antes de volver al caos. Pero si algo tiene esta nueva versión del Barcelona es que al equipo se le intuye muy trabajado, por lo que minimiza daños ante contratiempos tan severos como la expulsión de Mascherano en el único error en el repliegue de la noche. Había servido en largo el portero del Elche, Busquets desplazó hacia atrás y el argentino, con muchas más dificultades que un notable Mathieu, metió el pie cuando Rodrigues avanzaba solo hacia la portería de Bravo.

No perdió la calma el Barcelona con un hombre menos. Luis Enrique sacó del terreno de juego a Rafinha, menos activo que Munir en la zona atacante, dio entrada a Bartra y templó el encuentro a su antojo, acelerándolo y frenándolo a toque de corneta de Rakitic. Tal era la placidez que el segundo tanto en la cuenta de Messi fue el colmo de la delicia. Hasta cuatro hombres hicieron frente al argentino en el interior del área, sin que alguno de ellos se atreviera a ser encarado por el delantero. Y La Pulga, tan fácil como antaño, con aquella plasticidad que siempre le caracterizó, fue dando pasos hacia su izquierda hasta que encontró el rincón donde alojar el balón.

Cierto. El Elche está a años luz del Barcelona. Perdió a muchos de sus referentes en verano, y no fue capaz de molestar una sola vez a Bravo. Pero el Camp Nou acumuló un buen puñado de razones para volver a creer en los suyos. Que no es poco.

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