Muere Montserrat Caballé

La soprano, que tenía 85 años, interpretó cientos de óperas y conciertos en los principales teatros de todo el mundo junto a las mejores orquestas

Por Pablo Meléndez-Haddad

Se ha marchado un mito. Una leyenda. Una de las cantantes líricas más importantes de finales del siglo XX y de comienzos del XXI. La llorará toda Barcelona, toda Catalunya y toda España, porque ella siempre se proyectó orgullosa de su ciudad y de su país, pero también de una España que amó intensamente. Pero asimismo la llorará medio mundo, allí donde su impecable técnica vocal, su pasión interpretativa y su virtuosismo -todo ello coronado con esos pianísimos demoledores, eternos y cristalinos que la hicieron famosa-, sentaron cátedra y emocionaron audiencias.

La Caballé, diva, madre, esposa, pilar de una familia que con devoción se entregó a su talento, fallecía a los 85 años en el Hospital de Sant Pau en la madrugada de este sábado días después de que sus más cercanos afirmaran que se recuperaba lentamente de sus problemas en la vesícula, pero el destino deparó lo que nadie esperaba.

Pureza y control

María de Montserrat Viviana Concepción Caballé i Folch se marcha, pero la Caballé se queda con todos aquellos que la hemos considerado como una de las voces más importantes de la historia de la lírica. La pureza de su voz y el control técnico de su amplia tesitura la entronizaron en lo más alto, unido a un carácter y fuerza dramática sin parangón. Ella sabía llegar al público, convertida en la última de las auténticas ‘prima donna’ y siempre con una sonrisa en la cara, aunque tras el telón fuera una mujer sencilla y con carácter. Su virtuosismo heredó de Maria Callas una parte importante de su repertorio, llegando a incorporar más de 150 obras entre óperas, cantatas y oratorios. A lo largo de medio siglo de actuaciones interpretó algo más de 80 personajes operísticos, siendo además una de las más importantes recuperadores del bel canto romántico, pero también convirtiéndose en una referencia en Puccini, Verdi y Richard Strauss.

Sus inquietudes artísticas, además de recuperar un importante puñado de obras de Donizetti y Bellini, le hicieron interesarse por obras como ‘Tristan und Isolde’ (Wagner), ‘La Fiamma’ (Respighi) o ‘Semiramide’ (Rossini), además de participar en el estreno absoluto de la ópera ‘Cristóbal Colón’ (Balada).

Popularidad planetaria

Pero la Caballé fue algo más: forma parte del imaginario colectivo de la ciudad sobre todo desde su participación en la ceremonia de presentación de Barcelona como ciudad olímpica, junto al recordado Freddy Mercury. Eso hizo que Montserrat Caballé se hiciera popular en todo el mundo.

Nos lega sus enseñanzas y una discografía convertida en una de las más completas y extensas de la historia del disco, grabando obras que van desde el barroco a la música contemporánea, con óperas completas, recitales de arias, de Lied, zarzuela y de canción catalana y española. En activo hasta hace muy poco -más de 50 años de trayectoria-, su carrera ha estado vinculada estrechamente al Gran Teatre del Liceu desde sus comienzos.

Antes de cumplir 10 años comenzó sus estudios musicales en el Conservatori Superior de Música del Liceu, graduándose con las máximas calificaciones en 1955 (el Conservatorio le concedería la Medalla de Oro en 1987). Pedro Vallribera, Eugenia Kemmeny, Conchita Badía y Napoleone Annovazzi fueron sus primeros maestros. Después de cursar sus estudios gracias al apoyo de becas y de mecenazgo privado, Montserrat Caballé comenzó su andadura junto a la orquesta del maestro Annovazzi con obras como la ‘Novena Sinfonía’ de Beethoven; su debut operístico llegaría con la compañía de la Ópera de Cámara del mismo maestro, como Serpina de ‘La serva padrona’, de Pergolesi, en Reus (Tarragona).

Después de una gira de audiciones por Italia, ingresó en el Teatro Municipal de Basilea en 1956, donde debutaría el 17 de noviembre de ese año interpretando a Mimì de ‘La Bohème’, de Puccini. Allí asume papeles como Nedda de ‘Pagliacci’ (Leoncavallo), ‘Tosca’ (Puccini), Martha de ‘Tiefland’ (D’Albert), Donna Elvira de ‘Don Giovanni’ (Mozart), Fiordiligi de ‘Così fan tutte’ (Mozart), ‘Aida’ (Verdi), Jaroslavna de ‘Principe Igor’ (Borodin), Antonia de ‘Cuentos de Hoffmann’ (Offenbach), y las protagonistas de ‘Salome’ y ‘Arabella’ (Richard Strauss). Participó en el estreno absoluto de ‘Tilman Riemenschneider’, de Casmir von Pászthory, debutando además como artista invitada en Hannover (Aida) y en la Staatsoper de Viena (1958, ‘Salome’). En la Ópera de Bremen inauguró la temporada 1959-60 con Ginevra de ‘Ariodante’ (Händel) y allí incorporaría títulos emblemáticos como ‘La Traviata’ (Verdi), ‘Il Trovatore’ (Verdi), ‘Die Fledermaus’ (Strauss), ‘La novia vendida’ (Smetana), ‘Armida’ (Dvorák) o ‘Evgeni Onegin’ (Chaikovsky), además de estrenar ‘Lady Godiva’, de Ludwig Roselius. Actúa en Lisboa y debuta en La Scala de Milán como una de las Muchachas-flor de ‘Parsifal’ (Wagner).

Debut en el Liceu

En 1962 debuta en el Liceu barcelonés, el 7 de enero, con ‘Arabella’, año en que se presenta en San Sebastián, Florencia y Toulouse (en las dos últimas con el oratorio ‘El Pessebre’ de Casals), además de realizar su primera grabación, un disco de canciones de Toldrá grabado en Barcelona.

Y de allí al estrellato. Realiza recitales por una cincuentena de ciudades españolas y debuta en A Coruña con ‘Madama Butterfly’ (1963), en la cual conoce al que se convertirá en su marido, el tenor Bernabé Martí, con quien se casa al año siguiente. Visita Centroamérica y debuta en Francia con ‘Don Carlos’ de Verdi (Rouen) y en Madrid con un concierto con la Orquesta Nacional de España interpretando nada menos que ‘Las cuatro últimas canciones’, de Strauss, y la escena final de la ópera ‘Salome’ del mismo compositor.

En 1964 ya se había presentado en Sudamérica y tenía todo a punto para debutar en Inglaterra y Estados Unidos; en Nueva York su nombre se da a conocer en todo el mundo de la cultura internacional al reemplazar en último momento a Marilyn Horne en la ópera de Donizetti ‘Lucrezia Borgia’ (Carnegie Hall, abril de 1965), alcanzando la consagración internacional.
Los escenarios más importantes del mundo

Desde entonces triunfa en los escenarios más importantes del mundo, desde el Festival de Glyndebourne (‘Rosenkavalier’, R. Strauss), la Metropolitan Opera House de Nueva York (‘Faust’, Gounod), Colón de Buenos Aires (Liù de ‘Turandot’, Puccini) y en ciudades como Dallas, Bruselas, Filadelfia, París, etcétera, regresando a partir de entonces, y cada año, a su querido Liceu, formando una familia. Sobre el escenario comenzaba a escribir su leyenda al transformarse en parte fundamental del Donizetti revival tanto en teatros como en el disco. Con su talento e interés artístico se convierte en una reputada experta en el repertorio belcantista y en las obras de Donizetti y Bellini.

Ya consagrada en lo más alto, en 1972 vuelve a La Scala con ‘Norma’ (Bellini), mientras que en la Royal Opera House de Londres se presentaba con ‘La Traviata’ ese mismo año.

Después de enriquecer su repertorio con los más variados estilos y autores, continúa grabando sin parar y consolidando su reputación internacional: melómanos de todas partes del mundo viajan a Barcelona en la década de 1980 solo para escuchar a la Caballé. Triunfa en Bruselas, Roma, San Francisco, Asia y, sobre todo, en Alemania, donde pasa a formar parte del imaginario popular.
Recitales y conciertos

A finales del siglo XX y a principios del XXI, y a pesar de su avanzada edad, continúa su carrera incorporando obras hasta entonces olvidadas de autores como Saint-Saëns o Respighi. El concurso de canto que llevó su nombre se organizó en Andorra, la Seu d’Urgell y Zaragoza. En activo hasta hace pocos meses, en la última etapa de su carrera sus actuaciones se centraron en recitales y conciertos, principalmente en Alemania y Rusia, países donde continúa siendo tremendamente popular. En los últimos años también tuvo sonados problemas con Hacienda, deudas que pagó puntualmente.

Entre otras distinciones, es poseedora de la Medalla de Oro de la Generalitat de Cataluña y del Premio Príncipe de Asturias de las Artes, siendo nombrada, además, embajadora de buena voluntad de la Unesco.

Le sobreviven su marido, Bernabé, y sus hijos, Montsita y Bernabé.

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