Peces ‘sin rostro’ y otras extrañas criaturas de los mares de Australia

Una expedición científica se ha adentrado en las profundidades del océano nunca antes explorado

Un pez ‘sin rostro’ y otras extrañas y maravillosas criaturas, muchas de ellas nuevas especies, han salido a la superficie desde las profundidades de los mares de Australia durante un viaje científico que tiene por objetivo explorar partes del océano nunca antes estudiadas, desde el norte de Tasmania hasta el centro de Queensland.

El equipo ha introducido una cámara en el abismo, a una profundidad de cuatro kilómetros, junto con una sonda y una red.

El jefe de la expedición del ‘Investigator’, Tim O’Hara, del Museums Victoria, ha explicado este miércoles que se trata de un viaje “al entorno más inexplorado de la Tierra”.

Dieron con extrañas criaturas, como cangrejos rojos brillantes de roca, esponjas carnívoras, arañas de mar ciegas, y con un pez ‘sin rostro’, un rarísimo ejemplar del que solo se tenía un registro anterior, en una expedición a Papúa Nueva Guinea en 1873.

NI OJOS NI FOSAS NASALES

“No tiene ni ojos ni nariz visibles, y su boca está debajo”, ha explicado O’Hara.

“Esas enormes profundidades son tan oscuras que las criaturas a menudo no tienen ojos y producen su propia luz a través de la bioluminiscencia”, ha agregado.

“Hay a bordo 27 científicos que son líderes en sus campos y aseguran que cerca de un tercio de lo que hemos encontrado son nuevas especies”, asegura O’Hara, que explica que en dos semanas han recogido varios miles de ejemplares (y aún les quedan otras dos semanas de viaje).

UNA EVOLUCIÓN SINGULAR

La vida en las profundidades está sometida a presiones muy altas, no hay luz, tampoco hay mucha comida y hay temperaturas bajo cero… Los animales que habitan allí han tenido que evolucionar con formas singulares para sobrevivir.

A medida que el alimento escasea, las especies suelen ser de menor tamaño, y se mueven más lentamente. Muchos son gelatinosos, y se pasan la vida flotando, mientras que otros tienen espinas y colmillos feroces y permanecen agazapados, a la espera, hasta que la comida viene a ellos.

Bajar a las profundidades también es complicado. Cada inmersión de pesca lleva hasta siete horas, para desplegar y recuperar el equipo y sus ocho kilómetros de cable desde el fondo del mar.

Sin embargo, los datos recogidos ayudarán a comprender los hábitats de aguas profundas, su biodiversidad y los procesos ecológicos que los sustentan, ha dicho el experto. “Esto ayudará a su conservación y manejo frente al cambio climático, la contaminación y otras actividades humanas”, cree O’Hara.

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