Primer Clásico en el Camp Nou

El Madrid domina al Barça con un ataque demoledor y logra una ventaja casi definitiva (1-3)

El Barça tiene más Supercopas que el Madrid (12 a 9) pero sucumbe en el duelo directo (1 a 5). La tendencia del gran duelo no cambiará a no ser que Messi baje del cielo. A su dios particular deberá invocar el Barça, necesitado de otro milagro (cinco meses después la vida sigue igual en el Camp Nou) para remontar una derrota lacerante. Sobre todo porque el último gol lo anotó Marcos Asensio, un centrocampista que el Barça dejó escapar al no querer pagarle 4 millones al Mallorca hace tres años. Ahora pagará 40 por Paulinho.

Aún va por delante el Madrid, cabalgando con el viento de cola que le brinda la dinámica positiva que inició con Zidane. Un autogol de Piqué le encarriló un partido que mereció terminar tan igualado como comenzó, en el campo y el marcador. Más atinados o menos desafortunados anduvieron Varane y Ramos en jugadas semejantes. Los que empataron fueron Messi y Cristiano, que aportaron la cuota del golito.

Pero con diferencias. Leo marcó de penalti y Cristiano culminó un contragolpe en un mano con Piqué lanzando a la escuadra. Envalentonado por ese tanto cuando había aparecido de suplente, perdió el mundo de vista, y al cabo de un minuto buscó un penalti en una carrera con Umtiti. De Burgos Bengoextea tuvo el atrevimiento que otros colegas reprimieron y le sacó la segunda amarilla, expulsándole. Cristiano le empujó. El segundo castigo, el del Comité de Competición, está por ver.

Juegue o no juegue Cristiano la vuelta, el Barça ya puede dar por despedida la Supercopa. Difícilmente se recuperará en tres días del bofetón que se llevó anoche, en un Camp Nou confortable como nunca para los blancos. El mal mayor no era ese, ni mucho menos, sino comprobar que todavía es inferior al Madrid por muchoque acabara ejecutado al contrataque. Como siempre.

Falta un lateral, falta un centrocampista y falta un extremo. El diagnóstico de los técnicos era certero, y en cuanto comenzó la competición, se ha demostrado. Dos meses después de que acabara la pasada campaña el Barça sigue con el mismo equipo, sin mejora alguna con las llegadas de Semedo y Deulofeu. Al contrario, Messi apareció más huérfano que nunca.

Un Madrid desconocido se vio, más allá de que compareciera despojado del uniforme blanco que le identifica como a ningún rival. Llegó camuflado, vestido de verde, fusionándose con el azul del Barça. Confundiéndose con los azulgranas, también por su deseo de tener el balón.

Se defendió más que atacó el Madrid. Logró desactivar así al Barça, parándole lejos, forzándole pérdidas en terrenos inofensivos, que, de paso, erosionaba la confianza local. Zidane quiso que hubiera una lucha de uno contra uno para aprovechar que el Barça ha perdido desequilibrio sin Neymar. Kovacic persiguió a Messi por todo el campo hasta que cayó agotado.

Deulofeu ocupó el puesto del brasileño y la comparación resultó dañina para el de Riudarenes, incluso cuando Denis le sustituyó. Deulofeu no retó ni una vez a Carvajal, y se equivocó en todos los centros. Necesitará tiempo.

Tampoco le ayudó mucho Iniesta socorriéndole con alguna acción de superioridad o alguna conducción que aclarara el carril izquierdo. Justo lo que hizo Isco, maravilloso, excelso, convertido en el único referente madridista ante la pasividad de Bale y Benzema, y que solo se equivocó en no buscar más a Aleix.

Lo hicieron luego Cristiano y Asensio para cabalgar por esa banda cuando el Barça se había volcado con el gol de Messi y disfrutaba de lo que es un espejismo: el Madrid no fue mejor. Es mejor incluso mirando los banquillos.

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