¿Quién es el dueño de la Luna?

Tras la guerra fría, la minería del satélite es el mayor incentivo para ir a la Luna

Agua, oxígeno, minerales raros. Estos son los recursos que esconde el satélite de la Tierra. ¿Compensa su extracción los enormes costes de un viaje a la Luna? No es fácil contestar a esta pregunta, pero ese podría ser el único incentivo real para volver a enviar humanos al satélite, una vez que ya no existe el estímulo de la guerra fría.

No obstante, los acuerdos internacionales ponen algunas trabas a ese plan. «Reclamar la propiedad de partes de la Luna está prohibido», afirma Frans von der Dunk, un experto de referencia en ley del espacio, que investiga en la Escuela de Derecho de Nebraska.

El Tratado del Espacio Exterior de 1967 establece en su artículo 2 que el espacio es una zona internacional, por lo que ningún país puede ceder derechos de propiedad a sus ciudadanos. “Se llegó a este acuerdo para evitar una carrera al acaparamiento del espacio para objetivos militares en plena guerra fría”, comenta von der Dunk.

En 1980, el norteamericano Dennis Hope consiguió que una autoridad local de EEUU le reconociera la propiedad de la Luna. Utilizó una ley de la época del lejano Oeste (la ley de asentamientos rurales), según la cual se podía reclamar la propiedad de una zona inhabitada, si nadie presentaba un documento de propiedad previo. «Es un razonamiento infundado, porque EEUU no puede establecer reglas en un territorio que no le pertenece», comenta von der Dunk.

Bases en la Luna

El artículo 4 del tratado prohíbe fabricar bases militares en el espacio. Sin embargo, no impide infraestructuras científicas o comerciales. Estas infraestructuras no serían, no obstante, de propiedad privada: deberían garantizar el acceso a astronautas de todo el mundo.

Sin embargo, Von der Dunk ve resquicios para quien quiera militarizar la Luna. El acceso a las bases lunares se basaría en la reciprocidad. Pero si sólo una país crea una base, podría negarle el acceso a otro país que no tenga su base, en nombre de la falta de reciprocidad. De ser así, sería fácil esconder en esa base actividades militares disfrazadas de científicas, por ejemplo.

Minería lunar

La cuestión de extraer recursos es más controvertida. En 1979, esta posibilidad dio pie al Acuerdo de la Luna, que se presentó en las Naciones Unidas con la idea de que los recursos del espacio se gestionaran como los del océano. Es decir, que se pudieran extraer si se conseguía una licencia internacional y si se compartía parte de ellos con los países en desarrollo. Sin embargo, solo 18 estados ratificaron el acuerdo y todos los países más importantes se negaron.

En esta situación, hay que esperar hacia donde evolucionará la legislación. Podría ir hacia el respecto del espíritu del Tratado del Espacio Exterior, lo cual dificultaría mucho la minería. O bien podría derivar hacia el unilateralismo, si los países decidieran otorgar licencias nacionales sin un acuerdo internacional.

Mientras el problema es abstracto en cuanto a la Luna, es más urgente en cuanto a los asteróides. Ya se han enviado sondas a asteroides e incluso se plantea captar uno de pequeño para extraer los materiales que lo componen. En este caso, ¿se trataría de la apropiación de una parte de espacio? Puede que la respuesta se alcance pronto.

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