Una convicción firme como una roca sostiene al Soldado de Dios cubano dentro de UFC

Yoel Romero había prometido tirar candela en el montículo. “Tengo la zurda prohibida”, dijo el guerrero cubano de la UFC el viernes pasado, cuando lanzó la primera bola en un juego de los Marlins. “Todos los cubanos jugamos pelota. Yo defendía cualquier posición. Lo mío era estar en el juego”.

Por Jorge Ebro

No decepcionó el medallista de plata olímpica en Sidney 2000 y primer retador al campeón mediano de la UFC, Michael Bisping, al lanzar una recta que le hubiera traído problemas a Giancarlo Stanton.

Romero, sin duda, está en el juego del octágono y este 9 de julio en Las Vegas enfrentará por la faja interina de la división a Robert Whittaker, antes de un potencial encuentro con Bisping. En cualquier caso que se preparen los dos, porque a juzgar por el lanzamiento del gladiador que todos conocen como Soldado de Dios, esa mano zurda mete miedo.

Ya la pelea contra Whittaker está ahí mismo, ¿estás listo?

“Me estoy preparando muy bien, como siempre, enfocado, con mucha energía. Siempre con la bendición de Hashem [de la prosperidad, según la tradición hebrea] para traer el título mundial para Miami. Para mí eso sería tremendo orgullo”.

¿Después de esta, vendría el combate contra Bisping?

“Esta es por ahora la pelea de mi vida. Es un título interino contra un buen rival. Todo tiene su tiempo en la vida. Vamos a ganar y ganar bien. Si luego se da o no la pelea contra Bisping, ya eso estará por verse. Esta es la que importa ahora”.

¿Te ha costado más de la cuenta llamar la atención en la UFC?

“No, para nada. Todo lo que ha sucedido es porque Dios lo ha permitido. De costarme, solo me ha costado sacrificio, dedicación y disciplina. Tengo 40 años y no puedo quejarme. Todo lo dejo en manos de Dios”.

¿Nunca te han dicho que 40 años pueden ser muchos para estar en la elite?

“Que la gente mire mi próxima pelea para que vean lo que se puede hacer con 40 años. Los 40 son los nuevos 20. Todo ha cambiado. Los entrenamientos, la nutrición, pero lo que no cambia en la convicción. Esa siempre ha sido firme como una roca”.

He hablado con boxeadores veteranos que entrenan el doble para igualarse a los jóvenes.

“Ese no es mi caso. A mí los entrenamientos no me llegan fáciles ni difíciles, todo pasa por el prisma de la dedicación. Cuando la mente manda por encima del cuerpo, las cargas se asimilan de una forma natural”.

¿Qué legado quisieras dejar al final de tu carrera?

“Que nada es imposible. Que siempre se puede. Quiero que los cubanos de Miami, los latinos vean en mí el espíritu de seguir adelante, de nunca rendirse. No importan las lesiones, las adversidades. No se puede vivir de emociones, sino de convicciones. Las emociones son pasajeras. La convicción es permanente”.

¿Cuándo tuviste conocimiento de esa convicción?

“El día en que nací. Siempre supe que tenía una misión en mi vida: ser campeón del mundo. Amén”.

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