Williams elimina al Barça de la Copa en el descuento (1-0)

El delantero bilbaíno, en el minuto 92, firma el gol que echa de la Copa a un Barça sin puntería

Al final, volvió a caer el Barça. O cuando Williams se disfrazó de Aduriz, ya en el tiempo añadido, para eliminar al equipo de Setién. San Mamés descubrió que la historia se repetía. En esta ocasión, con un centro lateral de Ibai, peinado por el delantero vasco, quien se adelantó a Busquets para batir a Ter Stegen y retratar la impotencia azulgrana.

Tuvo el partido en su mano el Barça, con dos ocasiones claras, pero sin puntería ni acierto. Y se queda sin Copa como hace tres semanas se quedó sin Supercopa, aumentando la magnitud de la crisis para un equipo desorientado. Cuando las cosas van mal, siempre puede ir peor.

Tiene pinta además de que el drama definitivo todavía no ha llegado para el Barcelona, quien no aprendió en la Copa la lección que le dejó el Athletic en la Liga. No hay manera de que sepan salir vivos de San Mamés. Cuando no es un saque de banda, como ocurrió en agosto, es un centro lateral, como en febrero. Lo que fallaron Griezmann y Messi lo acertó Williams.

Pero el golpe es tremendo porque, además, pierde a Piqué por lesión y se queda con solo dos centrales, ambos zurdos (Lenglet y Umtiti), prueba de que todo va de mal en peor en el Barcelona.

San Mamés asustaba

Antes de empezar el partido, San Mamés asustaba. Pero el Barça no se asustó en ningún momento, a pesar de que se complicó la vida cuando ya creía tener el encuentro bajo control. Sorprendió Setién ya desde la pizarra, modificando roles que parecían intocables, sentando a Griezmann en el banquillo, junto a Arturo Vidal, apostando por un ataque inédito. Aunque, en realidad, era Messi escoltado por Ansu Fati, un adolescente atrevido, que no se deja intimidar por ningún escenario. Ni siquiera cuando se mete en la boca del león. Ahí pidió el balón, regateó con acierto y pisó el área con veneno en los 10 primeros minutos. Pero se topó con Núñez, quien en un despeje providencial evitó que fuera una noche maravillosa para Ansu.

Setién, entretanto, cambió de dibujo. Ni el Barça de los tres centrales, ni el Barça convencional con línea de cuatro y tres interiores para tener el balón en medio de la tormenta del Athletic, un equipo que se mueve por furiosas oleadas impulsadas por San Mamés, donde el silencio es un castigo divino. Empujó la catedral, a Ter Stegen, algo inusual, le temblaron los pies, erró en el pase y el equipo de Garitano descubrió el tesoro escondido. De pronto, el Barça tranquilo y sereno se transformó en un Barça nervioso, errático, zarandeado por el viento del norte.

Entonces, la noche entró en el territorio emocional donde el Athletic, que solo firmó un disparo a puerta en los primeros 45 minutos, se sentía el rey del universo. Setién, que vio una tarjeta amarilla casi de manera inmediata a la de Messi y Alba, ambas por protestar, también estaba nervioso. Es como si el inseguro pie derecho de Ter Stegen hubiera contagiado a todos, a pesar de que el técnico había diseñado un doble lateral derecho para frenar las cabalgadas de Yuri.

Señales de cansancio

La primera frontera quedaba establecida en campo vasco por Sergi Roberto. La segunda, y última ya, tenía a Semedo como guardia de seguridad, consciente Setién de que el Athletic vuela por fuera y te remata por dentro. Tuvo tal ritmo la primera mitad, con un dominio inicial del Barça que se perdió después, que ambos equipos parecieron firmar una tregua. Al menos, en el arranque de la segunda parte, donde las piernas emitían lógicas señales de cansancio.

Lo detectó San Mamés de inmediato, gritando como si no existiera un mañana. No lo existía. Setién no perdía la compostura ante tanto extraño error del tibio Ter Stegen y le pedía que no probara cosas distintas. Que insistiera e insistiera, aunque fallara y fallara. Apareció entonces Griezmann en el flanco izquierdo para suplir a Ansu Fati y tuvo opciones de liquidar la Copa, pero su disparo fue repelido por Unai Simón, erigido en el héroe de la noche vasca porque también se cruzó en el camino de Messi, ya en los instantes finales. Se lamentaba Leo porque ocasiones así no suele fallar. Y Williams selló el epitafio copero para el Barça.

También te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *