Zidane llega al rescate de Florentino Pérez

Zidane es el entrenador elegido por el Real Madrid, y el club blanco es el elegido por el técnico francés en un matrimonio que se ha reconciliado cuando cuando los problemas que les separaron están más agravados que nunca.

Por Alejandro García

Pero Florentino Pérez ha sacado el único as que le podía satisfacer al madridismo, un Zidane que se presentó en el Bernabéu, otra vez, con un entusiasmo comedido, como un chiste en un entierro, pero alzando la bandera de la ilusión para el proyecto venidero.

El francés llega para el encabezar el rescate, para volver a ser el paraguas del presidente ante una crisis galopante, como si fuera el recurso de un guionista mediocre que soluciona el final de una trama con la reaparición de un personaje al que ya había matado, de los que aparecen el último momento, cuando todo parece perdido, para encumbrarse como el gran salvador.

“Estoy muy feliz de volver a casa, es lo más importante. No tengo nada más que decir, lo único importante para mi es empezar a trabajar”, dijo en sus primeras palabras, relajado, con ese aire de normalidad que le da a todo, tampoco sin una excesiva algarabía, impropia del momento.

El último recurso

Florentino Pérez recurrió al técnico que dimitió al final de la pasada temporada, para hacerse cargo de un equipo a la deriva. Entre una expectación inusitada en la temporada y arropado por la plana mayor de antiguas estrellas que se desempeñan en el club, desde Raúl hasta Roberto Carlos, el nuevo técnico blanco repitió con naturalidad su discurso de despedida: “Me fui porque la plantilla necesitaba un cambio. Tomé la decisión por el bien de todos y porque sentía que era lo mejor”, insistió varias veces ante la reiteración de las preguntas.

Parecía difícil convencer al francés para regresar a reflotar un barco que abandonó cuando se abrían las primeras vías de aguas, pero la junta directiva del Madrid debe haber ofrecido algo irrechazable a un técnico que tenía opciones en los mejores banquillos del mundo y ninguna necesidad de remover un pasado glorioso.

Además de calmar las aguas de un vestuario agitado y revirado tras el fracaso de la temporada en lo que queda de curso, Zidane es el señalado para ser el ideólogo del próximo proyecto blanco, con orden y mando en las próximas decisiones de club.

El nuevo proyecto

Aunque Zidane tuviera plenos poderes para hacer y deshacer en la plantilla, aún con el músculo económico del Madrid, el mercado es un lugar hostil en el que va a ser difícil para el club satisfacer según qué deseos del técnico, si es que este es procedimiento a seguir: “Estaba fuera, pero para mí estaba todavía dentro, viendo a mis jugadores. Quiero volver a estar con ellos. Tenemos que cambiar cosas para los próximos años, no me olvido de lo que hicimos mal, ganamos la Champions pero perdimos La Liga enseguida”, dijo Zidane con su habitual habilidad para resaltar la modestia sobre la genialidad, con una autocrítica que había desaparecido entre la complacencia de sus predecesores.

Florentino Pérez, impávido, recitó un discurso de memoria, sin variación de tono, para repasar los éxitos pasados y recientes del club, agradeció sus servicios a Solari, con palabras muy alejadas de las formas incendiarias con las que se despidió a Lopetegui, y asumió, a su manera, la deriva deportiva: “Esta temporada no hemos conseguido los resultados que esperábamos.No hemos alcanzado el nivel colectivo”, dijo, antes de lanzar a su nuevo abanderado al ruedo sin variar el tono, ni siquiera al dirigirse a su nuevo técnico: “Debemos iniciar cuanto antes el trabajo en el nuevo proyecto. Si has vuelto es porque amas a este escudo”, explicó el presidente.

La llamada del presidente

Sin reproches, con la vista puesta en el futuro, como si estuviera recitando el ideario que le gustaría escuchar a la mayoría del madridismo, Zidane aprovechó la ocasión para evitar unas preguntas sobre la plantilla que se van a reproducir de forma exponencial entre los once intrascendentes partidos que le restan al equipo y, de paso, se metió un poco más en el corazón blanco con las explicación que ofreció sobre cómo se produjo su retorno, aunque los motivos deportivos habrá que ponerlos sobre la mesa: “Me llamó el presidente (tras la derrota ante el Ajax) y, cómo quiero mucho al club y él, aquí estoy. No le puedo decir que no. Después de ocho meses tengo ganas de volver a entrenar, estoy con la batería cargado y listo para vivir otra vez la experiencia”, explicó el francés.

A la espera del reencuentro con el Bernabéu y con todos los escándalos a flor de piel, desde Isco a Bale, pasando por Ramos y Marcelo; el madridismo abraza con ilusión la vuelta de Zidane, y deja respirar al presidente Florentino Pérez, esperanzada en la reconciliación, reactivación y renovación de una plantilla moribunda, sumida en el desastre desde la marcha del técnico francés.

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