El Barça Campeón de la Copa del Rey

Messi destroza al Alavés en el primer tiempo y brinda un maravilloso colofón a la etapa de Luis Enrique en el Barça

El Vicente Calderón cumplió el rol de ser el estadio de las despedidas. La suya, incluso, oficiada en la final, aunque cerrará las puertas este domingo con la última fiesta rojiblanca. En el mismo escenario donde dijo adiós Pep Guardiola con el título de Copa en el 2012, cerró su etapa Luis Enrique con la tercera consecutiva del Barça y de su mandato, culminado con la aportación de nueve trofeos.

Un broche extraordinario colocó Luis Enrique a su trienio, acotado con el brillo de las onzas de plata que ha ido atesorando cada año: el triplete de la primera campaña (Liga, Copa y Champions, cuatro piezas en el segundo ejercicio (el doblete de Liga y Copa, la Supercopa de España y el Mundial de Clubs) y el par del epílogo (Supercopa de España y Copa) que le colocan en un lugar preferente de la historia azulgrana. Debajo del padre (Johan Cruyff) y del hijo (Pep Guardiola).

El espíritu santo es Leo Messi, formidable una vez más, al frente de los compañeros, disminuyendo al Alavés con su sola presencia. Genial como siempre, pidió la pelota y decidió el partido. No por habitual (26 goles en 25 finales) debe ser obviado.

El Barça plasmó su superioridad sobre el Alavés en la final más desigual de los últimos años en apenas 45 minutos con tres goles del tridente. De Messi, dirigiendo la ceremonia; de Neymar, al rebufo, siguiendo la estela de dios omnipotente y de Alcácer en su papel de sustituto de Luis Suárez, que vibró desde la banda, encadenado con la doble condena de una sanción y una lesión, igual que Sergi Roberto.

No sería exagerado decir que se acabó la final en el descanso y que, en cierto modo, sería lo previsible en la (teórica) enorme diferencia entre los contendientes. El Alavés no ocultó el vértigo de encontrarse en una tesitura insólita y al final terminó acomplejado por los golpes que iba recibiendo del Barça.

Pero no se rindió ni se acobardó. También golpeó el once blanquiazul, bravo y honrado. Lo que pudo. Lo que le dejaron. Que fue poco, más en el segundo tiempo que en la fase inicial, cuando el Barça se relajó al dar por ganado el trofeo.

Bastante hizo el Alavés con llegar a la final de Copa, una cota alejada de sus expectativas. Era la primera de su historia. Batir al Barca otra vez, al que sorprendió en la Liga, requería una conjunción de factores favorables que no se repitió. Aunque lo pareciera cuando Theo Hernández soltó un zurdazo que emuló la genialidad de Messi tres minutos antes. El lateral zurdo se ganó por anticipado el favor del madridismo en su presentación en una gran cita, después de haber rechazado al Barça por la millonada que le ofreció Florentino Pérez para renunciar al compromiso que había adquirido con los azulgranas.

El Alavés solo tuvo a Theo y las acciones balón parado. Al Barça le sobraron jugadores, dejando aparte a Messi, que vale por tres o cuatro. Y a Neymar, que tiraba por el suelo un par de rivales en cada balón que recibía. El Barça tuvo a Iniesta, de vuelta al Calderón donde el año pasado, ante el Sevilla, cuajó una inolvidable actuación pese a que le molieron a patadas. A Alba, que abrió el camino del triunfo en el mismo escenario. A Busquets, un tipo nacido para jugar finales.

Por tener tuvo hasta a André Gomes, magnífico, de nuevo lateral derecho por accidente. Lo fue en Las Palmas para relevar a Digne, ante el Eibar para sustituir a Sergi Roberto y contra el Alavés, donde relevó a Mascherano a los diez minutos. Duró menos que en la última final copera, cuando fue expulsado. Luis Enrique tuvo el detalle de promover la reaparición de Aleix Vidal ante el mismo rival ante el que se lesionó. Theo ya se había marchado.

André Gomes ejerció de lateral con autoridad, muy al estilo de Sergi Roberto, arrancando con fuerza y suficiencia con el balón, y con parecidos problemas a la hora de cerrar en las acciones defensivas. Luis Enrique le adelantó a ejercer de interior cuando entró Aleix y la grada ya cantaba “campeones, campeones”, algo que llevaba un buen rato reprimiendo solo por guardar las formas.

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