El Barça envía al Espanyol a Segunda con un triunfo mínimo (1-0)

El equipo azulgrana certifica el descenso del club blanquiazul con un triunfo para seguir presionando al Madrid

El Barça seguramente no ganará la Liga, pero habrá mandado al Espanyol a Segunda. Puestos a fastidiar al vecino, nada mejor que hacerlo a lo grande, aunque fue un derbi mínimo. Todo lo noticioso estuvo concentrado en poco tiempo, como escasa fue la entidad del partido. Dos expulsiones (de Ansu Fati y Pol Lozano) y el gol de Luis Suárez en el brevísimo lapso de siete minutos.

El mantra de los pericos que se enorgullecen de haberle quitado una Liga al Barça con el Tamudazo (el 2-2 del 2007) ya tiene respuesta entre los culés. Más hiriente: el Barça ha mandado a Segunda al Espanyol. Aseveraciones tan ciertas como relativas en una competición de 114 puntos. Los perdidos ayer colocaron la guinda del quinto descenso perico, consumado con mucha dignidad y exprimiendo las penurias azulgranas, que de momento sirven para alargar la presión al Madrid.

A todo volumen

Aun supeditados Barça y Espanyol a los resultados de terceros, el duelo no dejaba de ser crucial y su importancia, más que visible, fue audible. Los gritos y las protestas fueron aumentando de volumen, amplificados por el silencio general. Primero eran de ánimo, luego de protesta, finalmente de angustia.

Cerrado el primer periodo, los vecinos se habían apuntado dos ocasiones claras, salvadas por Ter Stegen y el poste, y ellos, los locales, apenas habían disfrutado de una escapada de Suárez abortada por Calero.

El descanso no apaciguó los ánimos; solo retrasó los conflictos porque estaban en vestuarios diferentes. Ansu Fati fue expulsado a los cuatro minutos de la reanudación. No tuvo tiempo de llorar el Barça. Pol Lozano siguió el mismo camino a los seis. Ninguno de los dos protestó. Ansu a los 17 años y Pol a los 20 sabían que su entrada era de roja.

Tapado con cinco defensas

Rufete jugó tapado con cinco defensas, no fuera a suceder que el descenso viniera acompañado de una ducha. Cerrarse atrás fue una forma de incomodar al Barça. La más habitual, la más común. Si Setién quería calcar el bonito dibujo que le quedó en Villarreal, el antídoto era llenar aún más el pasillo central. Defensa tupida y trinchera llena hasta el final, incluso con el 1-0.

Setién repitió, pero con matices. Griezmann ejerció de mediapunta –el tercero en tres partidos-, y Messi tendió a abrirse la derecha. Griezmann quiso moverse mucho, incómodo ante la falta de espacios, y se perdió la conexión con Suárez, atrapado entre Calero y Bernardo. Alba acabó jugando de extremo izquierdo. En el otro costado Semedo no se atrevió a tanto y fue sustituido.

No hubo manera de ganar nunca la espalda a los pericos, acostumbrado como está el Barça a jugar al pie y a cantar lo que hará: balón a Messi y que invente él. Tiró centros difíciles de rematar, y no encontró a Alba, que en lugar de llegar al espacio, ya lo ocupaba, emparejado con Víctor Gómez, feliz de tener una referencia tan cercana y clara.

Ese problema tenía fácil solución y consistía en colocar un extremo de oficio. Gómez se encontró a uno de su quinta, incluso más joven, como Ansu Fati, y el centro del campo se redujo a la pareja Rakitic-Busquets. Cuatro minutos duró el invento de Setién en el entretiempo.

Muchos pases improductivos

Hubo muchos pases azulgranas, pero la mayoría planos, improductivos si la pretensión era mover al Espanyol. Bien protegiditos, permanecieron detrás como si la inmensidad del Camp Nou les asustara. Nada más desolador que sentir el dolor causado a los tuyos.

La vía de salida fue a través de Embarba mientras De Tomás reclamaba la atención del ciclista Piqué. Ter Stegen fue el primer portero exigido. Diego López no paró nada antes de encajar el gol, y Ter Stegen siguió parando después.

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