El Barça escala en la tabla sin reducir los apuros para ganar

Le faltan al Barça dos jornadas por jugar (la primera y la segunda) y en un salto al futuro ha ganado por anticipado la decimonovena, que corresponde al mes enero, así es la Liga de Javier Tebas.

Por Joan Domènech

Trabajo adelantado que dispara al cuadro azulgrana hacia arriba, hasta situarse en zona europea, donde más o menos le corresponde, aunque sin poder disparar la euforia.

Fue un triunfo tan apurado y angustioso como el conseguido ante el Levante. En un acto reflejo parecido al del domingo, el equipo se rezagó con el marcador a favor. Ante el Levante fue un cuarto de hora largo; anoche, toda la segunda mitad. Desde que se puso a ganar y la Real apretó arriba. El Barça actual carece de la capacidad para neutralizar así la voluntad del rival a partir de la posesión del balón.

Los primeros goles de Alba y De Jong fueron un guiño a la colectividad imprescindible para el hipotético éxito final. Por una vez el Barça pudo prescindir del tanto de Messi y por una vez remontó el Barça un marcador adverso. Hasta el séptimo partido no supo remontar un partido. Lo logró un día, ante el líder, que le sacaba nueve puntos, que debería multiplicar la autoestima y la confianza en sí mismos de los azulgranas.

Dos centrales de 21 años

Ante el líder se la jugó Koeman con dos centrales de 21 años. El excel condujo a Lenglet al banquillo tras 14 partidos seguidos jugando, solo uno partiendo desde el banquillo. Precisamente ante el primero de la tabla y el mayor goleador (23 tantos). La protección de Ter Stegen quedó en manos de Araújo y Mingueza, a quien le tocó la china de ocupar la mitad izquierda, con el doble inconveniente de tapar el espacio libre dejado por Alba y estar en el lado menos dominante para sus hábitos. Lidiaron con Willian José primero y con Willian José e Isak, uno para cada uno, luego.

La innovación táctica del domingo continuó el miércoles, señal de que Koeman vio más aspectos positivos que la mayoría de la crítica. Repitió la fórmula con solo un cambio que se reclamaba a gritos (Pedri en lugar de Coutinho), vista la aportación de uno y otro frente al Levante. Pedri evolucionó por la derecha y De Jong por la izquierda. La corrección de volver al doble pivote también se repitió. Agotados por el despliegue, desaparecieron en el segundo tiempo, aunque Pedri exhaló el último suspiro para quitarle el balón de Isak solo ante Ter Stegen. Koeman le retiró en ese momentio.

El dinamismo del canario cambió el eje de los ataques azulgranas hacia la banda derecha –también Dest se está ganando la confianza de los compañeros-, y sus irrupciones en el área crearon zozobra entre los blanquiazules. Igualmente inoperativo fue Braithwaite otra vez como extremo izquierdo que tuvo que rematar un mano a mano con Remiro con la zurda e incómodo Griezmann en la derecha, que falló dos remates con la diestra. Sus errores llamaron tanto la atención que restaron relevancia al peinado con que pretendía cambiar la mala suerte que le persigue. Cinco de los ocho remates al poste han sido suyos.

Pedri, sin embargo, quedó retratado en el 0-1 que complicaba tanto el asunto. En el duelo de pequeños con Portu, saltó sin convicción en la pugna aérea –no fue mucho más agresivo Mingueza con Le Normand en la segunda disputa- y no siguió la jugada cuando la pelota volvió al realista, que centró a placer. No se arrugó ni se acomplejó Pedri, que se puso a juagar igual, como si nada, sin comerse la cabeza por el error. Le ayudó mucho a disipar su pena que Alba marcara cuatro minutos después.

Una Real con el estilo claro

El último partido ante la Real del 7 de marzo fue el último normal. El último con público. Se decidió con un penalti transformado por Messi por unas manos de Le Normand que debió ser validado por el VAR. El reencuentro enfrentó a un Barça empeorado y una Real mejorada, no solo en la clasificación, sino en su estabilidad futbolística. El resultado siguió favoreciendo a los azulgranas. Lo habitual desde hace 25 años. Desde el 1-1 de 1995, con los dos entrenadores, Koeman e Imanol, jugando en el campo, y la Real empezó a coleccionar derrotas.

La ausencia de Oyarzabal y David Silva castigó a los donostiarras, que no andan tan pletóricos por una cadena de cinco empates. Sin ellos, mantuvo el ambicioso 4-3-3, aunque Portu fue más disciplinado vigilando a Dest que Januzaj controlando a Alba. Jugó la Real como solía jugar el Barça, con el mismo perfil tocador y ambicioso que aquel equipo que fue una referencia mundial y hoy anda buscándose a sí mismo sin encontrarse, aunque anoche hubo momentos, momentitos, que invitaron a la evocación.

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