El Barcelona pasa a semifinales

El Barça asegura pronto la clasificación con dos goles sin rematarla del todo, dejando vivo al Espanyol hasta el final

Por Joan Domènech

Por octava vez en los últimos 10 años, el Barça jugará la semifinal. Sudó el pase más de lo que se podía presagiar en el fogoso inicio de partido, en el que encerró al Espanyol y anotó los dos goles que necesitaba. Luego no supo ampliar la ventaja y Mateu Lahoz, tan divo con sus arbitrarias decisiones, ayudó a excitar los ánimos azulgranas.

El tricampeón es el gran favorito para renovar el título después de que los cuartos le hayan allanado el camino. Con la desaparición del Atlético y el Madrid, el Sevilla y el Valencia se erigen en las mayores dificultades. El Leganés, el querido y deseado Leganés, completa el bombo que se sortea este viernes.

El Camp Nou despidió a Mascherano y saludó a Coutinho, que debutó jugando los últimos 23 minutos. El brasileño dejó gotas de perfume que entusiasmaron a la hinchada. Coutinho no es Dembélé. Coutinho dará resultados inmediatos –si no sufre la desgracia del delantero francés- y verle junto a Messi, Suárez e Iniesta, aunque le sustituyera, no hace más que suscitar el entusiasmo de la culerada, que ve dibujarse otra temporada gloriosa sobre todo al ver desaparecer el Madrid del horizonte.

Falta de ambición

La eliminatoria estuvo más apretada en el marcador que el césped. El Barça no trasladó su superioridad futbolística en goles. La historia dejará un 2-1 dignísimo para el Espanyol, que no mereció ganar en Cornellà y que se salvó de la goleada en la vuelta. Diego López y Pau, los dos porteros, salvaron los muebles.

El cuadro blanquiazul compareció tan defensivo como en la ida, aunque esta vez estuviera más justificado porque tenía algo que proteger. El 1-0 de la semana pasada era un tesoro valiosísimo, único, vistas las otras eliminatorias, pero la falta de ambición le lastró desde el inicio. Permitió que el Barça le ganara el campo, pese a que el Espanyol había ganado el sorteo al obligarle a atacar hacia la Diagonal, cuando los azulgranas prefieren hacerlo hacia la otra portería en el primer tiempo.

Concesión barcelonista

Los índices de posesión registraron niveles insólitos para un duelo entre dos conjuntos de Primera, casi hirientes para los pericos. Nunca se alteraron, como si eso formara parte del plan preestablecido. Apenas difirió del primer encuentro, aunque el Espanyol cobrara ventaja; en todo caso, se consumó a tres minutos del final en una concesión barcelonista. A los tres minutos del inicio advirtió el peligro,

También fue una concesión, involuntaria, la escasa pericia azulgrana en el remate. En casa remató con la determinación que provoca la necesidad. Tan reculado estaba el Espanyol que eso dificultó la construcción de los ataques locales pero, en cambio, permitió que el rival estuviera peligrosamente cerca.

La bola siempre merodeó el área de Pau. Sobre todo, con el 0-0. Luego se alejó, en la medida que el Barça aflojó, con el botín en el saco, y el Espanyol estaba eliminado. Se sintió eliminado desde el sorteo, visto el espíritu de inferioridad con el que ha combatido en los dos duelos, muy distinto que del Leganés, por ejemplo, que salió a profanar el Bernabéu pese a que había perdido en la ida.

Quique obró como en la ida incluso en la primera sustitución: retiró a Darder y puso a Baptistao. Pero ya perdía por 2-0. Se estiró más por obligación que por convicción, gracias al punto de distensión adquirido por el Barça con su ventaja.

Falta de sentencia

El desarrollo de la eliminatoria sugirió un mayor intervencionismo de Valverde que de Sánchez Flores, más allá de haber reclutado a titulares (Iniesta, Rakitic y Suárez) preservados en Cornellà. Messi, habitualmente omnipresente, se recostó mucho en la banda derecha para que él y Aleix atacara a Aaron y Hermoso.

De la presión entre ambos robaron sendos balones de los que nacieron los goles que adelantaron al Barça. Tras relevar a Aleix, Valverde desplazó a Rakitic desde el centro hasta la derecha para que Paulinho, con su propensión en atacar, no dejara un hueco, ya que quedaría cubierto por Busquets. Más natural fue el relevo Iniesta y Coutinho, con cierto tinte sucesorio. Mientras tanto, Quique iba introduciendo delanteros.

El Espanyol se mantuvo en la eliminatoria porque el Barça no lo sentenció, no porque fuera a ganarla. Con el 2-0 estaba vivo. Pau impidió dos goles de Suárez y Rakitic en la misma jugada y Messi cabeceó al poste. Estaba en el mismo punto, a tiro de un golpe de fortuna que no se dio por segunda vez.

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