El Barça se queda sin gol

La falta de puntería condena a los azulgranas a empatar a cero con el Olympique pese a completar un notable partido

Jean-Paul Sarte, que era un individuo con buen ojo para detectar los problemas, decía que “en el fútbol todo se complica por la presencia del rival”. El FC Barcelona, por el contrario, no necesita rivales para complicarse las cosas porque tiene suficiente con sus propios fantasmas. Como el que arrastra en Europa, donde lleva tres años casi redondos sin ganar a domicilio en las eliminatorias de la Champions. En Lyon, ante el Olympique, volvió a estrellarse contra el maleficio y, pese a completar un partido bastante notable, se llevó de botín un triste empate a cero, condenado por una falta de puntería que empieza a ser algo más que alarmante (un solo gol, y de penalti, en los tres últimos encuentros).

La gran novedad de la alineación azulgrana fue la presencia de Sergi Roberto en la posición de interior, una plaza que no ocupaba desde aquel soporífero empate en el Wanda Metropolitano ante el Atlético de Madrid. El resto del once sí se ajustó a lo previsto, con Dembélé sentando una vez más a Coutinho en el banquillo para deseperación de los comentaristas de tele y radio, que se encontraron en el campo con dos Dembélés (Ousmane y Moussa) y un Ndombélé.

El Lyon, sin complejos

El Barça empezó intenso, apretando en la presión y llegando con cierta facilidad a las inmediaciones del área local. Los muchachos del Olympique, por su parte, saltaron al césped del Groupama Stadium con la misma alegre despreocupación con la que salían los trabajadores de la fábrica Lumière de Lyon aquel célebre día de febrero de 1895, sin sentir para nada al peso de la historia que se estaba escribiendo en ese preciso momento. ‘Les gones’ plantearon un partido de tú a tú, sin complejos ni cautelas defensivas, y a los ocho minutos ya habían puesto a prueba los guantes de Ter Stegen con dos magníficos disparos que el meta alemán sacó con su solvencia habitual.

Los azulgranas también tuvieron un lucido ramillete de ocasiones, fruto buena parte de ellas del generoso esfuerzo en la recuperación, pero la falta de puntería del tridente de ataque (con un Dembélé efervescente, un Messi muy vigilado y un Suárez en su onda siniestra de los últimos partidos) dejó incólume la portería de Lopes.

Siguió tras el descanso el toma y daca, una modalidad de partido sin duda vistosa para el espectador pero dañina para los intereses del Barça, menos dotado físicamente que su exuberante rival. Ello hizo que aumentaran las imprecisiones y las pérdidas. Y que Suárez persistiera con contumacia en su particular ‘masterclass’ sobre las diversas maneras de fallar un gol, una materia que lleva tres años y medio impartiendo con autoridad por los campos de toda Europa.

Un paso adelante con Coutinho

El cambio de Coutinho por Dembélé, en el minuto 66, le hizo bien al equipo de Valverde, que dio un paso adelante y fue encerrando en su área a los lioneses, incapaces ya de tirar las contras ante el creciente dominio azulgrana. Pero estaba escrito en los astros que los visitantes se iban a ir del Groupama sin ganar y, lo que es más preocupante, sin marcar. Lo probaron Messi, Suárez, Coutinho, Alba y hasta Busquets, pero no hubo manera. Se hace difícil recordar un partido del Barça que, con tantas ocasiones, acabara a cero.

Queda la vuelta en el Camp Nou, el 13 de marzo. Y dice la estadística que siempre que los azulgranas han empatado a nada el partido de ida han acabado llevándose la eliminatoria. Para eso habrá que volver a encontrar el gol, pero el Barça no puede obsesionarse en la búsqueda.. “Una batalla perdida –dijo Sartre- es una batalla que uno piensa que ha perdido”. Con Messi en el equipo, el gol no puede haber ido demasiado lejos.

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